reforma ampliación chalet portocolom, mallorca
En primera línea de mar en Portocolom se encuentra una casa que aún conserva claramente el espíritu de su tiempo: un chalet del año 1963, marcado por volúmenes cúbicos nítidos, superficies encaladas y esa relación natural con el exterior tan apreciada en la costa mallorquina. Al mismo tiempo, durante décadas, las cualidades del edificio existente quedaron limitadas por añadidos posteriores, secuencias espaciales fragmentadas y una estructura portante que solo permitía de forma restringida una manera de habitar contemporánea.
Por ello, el Proyecto 0201 fue desde el inicio más que una modernización: se trataba de una transformación arquitectónica precisa—la cuestión de cómo un chalet existente de tres plantas puede convertirse en una vivienda abierta y llena de luz, que no solo “tiene” vistas al mar, sino que las escenifica espacialmente.
Enfoque arquitectónico: conservar hacia el exterior, transformar hacia el interior
Como principio arquitectónico, pronto quedó claro que el carácter original de la fachada no debía sobreescribirse, sino conservarse deliberadamente en la mayor medida posible. El proyecto entiende la intervención no como una ruptura, sino como continuar construyendo en el edificio existente—con respeto por la tipología, las proporciones, la contundencia de los volúmenes enfoscados en blanco y la silueta especial de la casa. Especialmente cerca de la costa, esta actitud es decisiva: el lugar exige robustez y claridad, no arbitrariedad formal.
Además, el edificio forma parte de un contexto existente: como elemento de un conjunto consolidado en el sentido de una Aldea Ibicenca, cuya identidad arquitectónica se basa en un vocabulario común—volumetrías serenas, materialidad reducida, modelado plástico, un juego de luz y sombra mediterráneo y una tectónica contenida en la composición de los huecos.
Esta integración fue determinante en el trabajo de diseño. Por ello, la intervención se desarrolló conscientemente de manera estilísticamente conservadora: no como una reproducción nostálgica, sino como una decisión clara de proteger el efecto del conjunto y preservar la continuidad arquitectónica. Las nuevas actuaciones se integraron de forma que no se perciban como cuerpos extraños, sino como una evolución natural dentro del orden existente.
La consecuencia coherente de ello: la transformación real tiene lugar principalmente en el interior, allí donde se sitúan la calidad residencial, la continuidad espacial y las exigencias funcionales actuales. Hacia el exterior, la postura se mantiene deliberadamente serena; en el interior, en cambio, la casa se replantea estructural y espacialmente.
La clave de la amplitud: una intervención estructural dirigida
En el centro de la reforma se adoptó una decisión constructiva que redefinió por completo el carácter de la vivienda. En el estado original existía un único muro interior portante, que funcionaba como columna vertebral estructural del chalet de tres plantas y, al mismo tiempo, impedía cualquier configuración espacial abierta y continua. Para superar esta limitación se integró una nueva estructura de acero: dos vigas y dos pilares asumen desde entonces la transmisión de cargas y permiten eliminar el antiguo muro portante.
Esta intervención es técnicamente precisa y arquitectónicamente eficaz: los perfiles de acero negro aparecen conscientemente como nueva estructura; narran la transformación y aportan un orden claro al interior. Al mismo tiempo, crean lo que se buscaba: una generosa zona espacial continua que conecta estar, comedor y cocina en un conjunto abierto.
Zona abierta de estar, comedor y cocina: el espacio como continuo
La nueva organización de la planta principal sigue el principio de “espacio en lugar de habitaciones”. La zona de estar se abre hacia el comedor y continúa hacia la cocina; las visuales se entrelazan, la luz natural recorre las superficies y los límites entre funciones se vuelven deliberadamente suaves. Así, la amplitud no nace de la mera superficie, sino de la continuidad espacial: un volumen continuo, flexible, pensado para la convivencia y con una escala acorde al lugar.
Los huecos y transiciones no se entendieron únicamente como “fuentes de luz”, sino como parte de la composición espacial: la vista hacia el exterior nunca es decorativa, sino un componente integral de la experiencia de habitar. Portocolom—la banda horizontal del mar, el aire claro, la luz mediterránea—se convierte en el contrapunto constante.
La escalera de acero en voladizo: un espacio vertical escultórico
Otro elemento central es la escalera de acero en voladizo. Conecta los niveles no como un asunto secundario, sino como un acontecimiento espacial. La construcción se percibe ligera y precisa: el acero como columna vertebral portante, la madera cálida como huella y una línea clara sin sobrecarga. De este modo surge un diálogo tenso entre el carácter robusto del edificio existente y la intervención nueva, más filigrana. La escalera hace tangible el espacio vertical—y lanza una afirmación: reformar no significa ocultar la historia, sino continuar escribiéndola.
Materialidad y atmósfera: claridad mediterránea, precisión contemporánea
Los interiores siguen una paleta de materiales serena y reducida, que sostiene la luz y no distrae la mirada. Superficies claras, pavimentos discretos y la estructura de acero conscientemente visible generan una atmósfera a la vez mediterránea y precisa. Mobiliario, elementos fijos y detalles se subordinan al espacio—no como una austeridad estricta, sino como una decisión deliberada por la claridad y la durabilidad.
Rehabilitación y ampliación: preparar el edificio existente para el futuro
Junto con la reorganización espacial, la rehabilitación fue un paso coherente para actualizar el edificio técnica y funcionalmente. El Proyecto 0201 combina así reforma, modernización y ampliación en un conjunto unitario: una casa que no reniega de su origen, pero que responde a las exigencias actuales de confort, uso y adecuación cotidiana. Especialmente en primera línea, este equilibrio es decisivo: el lugar impone requisitos específicos—robustez, detalle y la manera de conectar interior y exterior. Nuestra planificación responde con una postura clara: soluciones duraderas, precisión y ausencia de efectos formales que no se deriven del contexto.
Resultado: continuidad en el conjunto, nueva amplitud en el espacio
El Proyecto 0201 muestra cómo una arquitectura existente con identidad puede alcanzar una nueva calidad mediante pocas intervenciones dirigidas. La reorganización estructural con dos vigas y dos pilares no es solo un recurso técnico, sino la palanca para una nueva experiencia de habitar: espacios abiertos, transiciones fluidas, orden claro—y una atmósfera que da espacio a la luz mediterránea.
Hacia el exterior, la casa sigue formando parte de la Aldea Ibicenca: la actitud de fachada es conscientemente conservadora, se protege el efecto del conjunto y se preserva la identidad arquitectónica. Hacia el interior, en cambio, surge una forma de habitar contemporánea y generosa—con una zona abierta de estar, comedor y cocina, una escalera escultórica como anclaje vertical y una lógica material clara y robusta.
Así, el chalet de 1963 se convierte en una vivienda que no utiliza Portocolom solo como vista, sino que lo traduce en una idea espacial: respetuosa con el edificio existente, coherente en su construcción y abierta a la vida—con el mar como contrapunto constante.
projekt: 0102
grösse: 105 m2
grundfläche: 55 m2
kunde: vertraulich
ort: portocolom, felanitx mallorca
typ: einfamilienhaus
team (gebäude): jle
team (innen): jle
verantwortliche architekten: jle